La startup australiana Cortical Labs presentó el CL1, un dispositivo que integra tejido biológico vivo con circuitos de silicio. Mediante el uso de 800.000 neuronas humanas cultivadas en laboratorio, el sistema demostró la capacidad de procesar información, aprender y ejecutar tareas complejas en tiempo real, tales como operar el videojuego Doom.
8 de marzo de 2026
Arquitectura y funcionamiento biológico
El núcleo del CL1 utiliza neuronas derivadas de células madre reprogramadas a partir de muestras de piel y sangre de donantes adultos. Estas células crecen sobre una matriz de electrodos que permite una comunicación bidireccional: el hardware envía impulsos eléctricos con datos del entorno digital y registra las respuestas electrofisiológicas de las neuronas para transformarlas en acciones dentro del software.
A diferencia de la inteligencia artificial convencional, que simula procesos cognitivos mediante algoritmos de software, este sistema constituye una computadora biológica. En pruebas recientes, un cultivo de 200.000 neuronas logró navegar entornos virtuales y abatir objetivos de manera autónoma, sin instrucciones explícitas previas.
Eficiencia energética y aplicaciones
Uno de los pilares del proyecto es el bajo consumo de recursos. Mientras que los centros de datos destinados al entrenamiento de modelos de lenguaje consumen megavatios, un rack de 30 unidades CL1 requiere menos de un kilovatio. Esta eficiencia, propia del cerebro humano que opera con aproximadamente 20 vatios, posiciona a la tecnología en áreas estratégicas:
- Robótica adaptativa: Sistemas que requieren aprendizaje con pocos datos.
- Farmacología: Descubrimiento de drogas mediante la observación de reacciones en tejido vivo.
- Neurología: Modelado de enfermedades del sistema nervioso.
Modelo de negocio y proyecciones
Cortical Labs inició la comercialización del hardware con un precio de 35.000 dólares por unidad. Asimismo, introdujo el concepto de Wetware as a Service (WaaS), un modelo de suscripción que permite a investigadores acceder de forma remota a cultivos neuronales vivos por una tarifa de 300 dólares semanales.
A pesar de que los responsables del proyecto y especialistas en bioética aseguran que estos cultivos carecen de estructura para desarrollar conciencia, el avance plantea interrogantes regulatorios inéditos. La integración de tejido humano en la cadena de producción tecnológica marca un cambio de paradigma donde la biología deja de ser un modelo de inspiración para convertirse en el componente físico de la computación.
Fuente: Infobae

































